viernes, julio 13, 2007

Día 35: El problema de creerse héroes

Discurso de Hermann Goering, mariscal del III Reich, el 30 de enero de 1943. La batalla de Stalingrado ya estaba perdida y decenas de miles de soldados alemanes esperaban, sitiados en la ciudad, la muerte, ya fuera en forma de bala enemiga, de inanición, congelación o suicidio:

[...] Soldados, han pasado miles de años, y hace miles de años en un desfiladero de Grecia hubo un hombre valiente y osado con trescientos soldados, Leónidas y sus trescientos espartanos... Luego cayó el último hombre... y ahora sólo queda la inscripción: "Caminante, ve a decir a Esparta que hemos muerto aquí a causa de las leyes". Algún día los hombres leerán: "Si vas a Alemania, si a los alemanes que nos has visto caer en Stalingrado, como las leyes nos ordenaban"[...]*


Así, debido a que varios generales se creían héroes, y exigían heroísmo a su alrededor, miles de personas murieron sin necesidad.

Ni yo mismo ni quién me lea puede con sus actos condenar a muerte a miles de personas, pero sin duda todos hemos cometido el error alguna vez de creernos héroes. Todos. Es inherente a la especie. Basta con ver una pelicula a lo Braveheart, leer una novela histórica o ver en un telediario que Pepe Pérez, que pasaba por allí, sacó de una casa en llamas a 3 niños, su madre y su abuela. Nos encantan las historias de héroes, de una u otra manera y más aún si nos reconocemos en ellos.

Y aún peor resulta cuando, por nuestros propios actos o bien por pasar por un buen momento, nos subimos a un pedestal. Euforia, se puede llamar. En verdad no es más que heroísmo creído interiorizado. Algunos lo interiorizan tanto, y durante tanto tiempo, que nunca se dan cuenta de que eso es realmente lo que les sucede, y son felices. Pero muchos de nosotros, después de habernos subido, nos vemos rebajados a nuestro nivel normal de no-heroísmo por un simple detalle o una bofetada. Sería más conveniente para evitar esas caídas, desde luego, no cambiar de estado de ánimo con tanta brusquedad ante una victoria, no imaginarnos dirigiendo ejércitos ni conquistando a el/la hombre/mujer de nuestra vida a la primera. Pero a ver quién lo consigue.

Al final, siempre toca caer y darnos cuenta de que ninguno de nosotros es un héroe. Nos toca a todos, excepto a los que mueren felices.

*William Craig, La batallla de Stalingrado.

domingo, julio 08, 2007

lunes, julio 02, 2007

Día 33: Milagros.

Para que cierto asunto, que no revelo porque no pertenece a mi vida privada, sino a la de otra persona, tenga un resultado feliz, he prometido hacer 2 cosas. Y las haré se dé o no ese resultado feliz.

La primera, y la única que viene al caso, es no volver a decir ni pensar que, en el caso que Dios existiera, y de que ese Dios influyera en nuestras vidas para hacer milagros, ése sería un Dios negligente. Lo decía porque, si Dios se introduce en nuestras vidas, y coarta nuestra libertad cambiando nuestro destino, tendría que ser por necesidad un Dios negligente, puesto que ni respeta el libre albedrío que tenemos, ni ha sido capaz de crear un mundo satisfactorio, pues actúa para cambiarlo. Y tampoco nos trata con equidad, pues no todas las personas que lo necesitan o desean reciben apoyo por su parte. La idea de un Dios que nunca hace milagros me parecía mucho más coherente y atractiva puesto que hace que recaiga sobre los hombres todas las responsabilidades de nuestros actos, y nos obliga a aceptar la igualdad de las leyes de la Naturaleza, que a todos nos afectan por igual.
Por eso siempre me negaba a rezar pidiendo tal o cual cosa. Por eso no me gusta nada que mi abuela, aspirante a beata, rece para que me salgan bien los exámenes. Lo considero ofensivo, de hecho. A cada cual lo suyo.
Sin embargo, ayer me descubrí pidiendo a Dios que favoreciera a alguien frente a la Naturaleza. Y comprendí que, si Dios de verdad actuaba para ayudara esa persona, sería imposible para mi o cualquier otro llamarle negligente. Porque ofrecería a una persona lo que necesita, a la par que lo que merece, porque no dañaría a nadie con ello y porque en parte estaría solucionando algo que nosotros los humanos no podemos solucionar ni hemos causado por lo cual no se nos puede exigir responsabilidad al respecto.
Y con esto creo que coincido con la doctrina oficial de la Iglesia respecto a los milagros. Y no es algo que me satisfaga demasiado, la verdad, pues siempre traté de ser independiente.

domingo, julio 01, 2007

Día 32: No me canso de escuchar...

...Insurrección, de El Último de la Fila.

Seguro que en los dos últimos días la he escuchado más de 50 veces.



En parte, porque es obvio que se trata de una gran pieza musical de enorme calidad.

En parte, porque apenas dura 2 minutos, y se hace muy corta.

En parte porque me recuerda a cierto pub siempre lleno de Córdoba, y ese pub a cierta época de mi vida.

Dónde estabas entonces cuando tanto te necesité?
Nadie es mejor que nadie pero tu creíste vencer.
Si lloré ante tu puerta de nada sirvió.
Barras de bar, vertederos de amor...
Os enseñé mi trocito peor.
Retales de mi vida, fotos a contraluz.
Me siento hoy como un halcón herido por las flechas de la incertidumbre.
Me corto el pelo una y otra vez.
Me quiero defender.
Dame mi alma y déjame en paz.
Quiero intentar no volver a caer.
Pequeñas tretas para continuar en la brecha.
Me siento hoy como un halcón llamado a las filas de la insurrección.

jueves, junio 28, 2007

Día 31: No puede ser un mal día....





...si empieza con un amanecer muy naranja, con Peace On Earth de melodía. En 5 minutos sale el Sol por completo, ¡pero vaya 5 minutos! Y compensa el no haber dormido. A las 7:09 de la mañana llega el clímax, el mejor momento del mes, uno de los pocos buenos.

A partir de ahí es imposible que uno tenga un mal día por muchos exámenes que se le presenten. Aunque uno comprara chucherías para ofrecerlas de regalo cariñoso y algo especial a una amiga, sin siquiera la seguridad de que la va a a poder ver, sólo con el deseo de poder escaparse de la Facultad entre examen y examen para dárselas, y después de ver a la amiga las golosinas acabaran mal tiradas en una papelera, aun así gracias a ese precioso amanecer, se diría que uno ha tenido un buen día. Y ya nada molesta, ni importa, ni entristece, en ese día de tan buen comienzo.

Algo parecido a esto, con el cielo más azul y sin esa larga antena.

Pero mañana dormiré más allá del mediodía.

domingo, junio 24, 2007

Día 30. Otro ladrillo en el Muro

Es en estos días cuando, probablemente más que nunca en mi vida, me siento un vulgar ladrillo, en un muro cualquiera. En lo que llevamos de junio no sólo he percibido nítidamente como me colocaban y me dejaban abandonado encima de otros ladrillos, sino que además muy pronto, demasiado, me han puesto otro por encima. Y pesa mucho más de lo que yo pensaba, más de lo que se puede soportar.

Y no ha sido esto obra de un empresario explotador, de una muchedumbre furiosa, ni siquiera del Estado opresor. Es la vulgar manía, el vicio que tenemos los humanos (incluso los más inocentes, y bienintenionados) de ordenar a los demás, de situar a las personas que nos rodean en fila india, ocupando el lugar que según el momento nos apetece que ocupen o, peor aún, el que creemos que deben ocupar según nuestras consideraciones, y nunca según las suyas. Ya basta, por Dios, de ordenar a las personas, de ponerlas una detrás de otra preparadas para aprovechar lo que podamos de ellas y dejar continuar la hilera.

Lo más gracioso a la par que irónico es ese gesto, típico del albañil, que hacen ciertas personas después de colocar un nuevo ladrillo en el muro. Se acercan, pasan la mano, intentando ajustar su obra al máximo, y preguntan al pobre ladrillo "¿Hay algo que pueda hacer para que estés más cómodo?". Y claro, no hay respuesta, porque lo único en lo que piensa el ladrillo es que lo que se debería haber hecho por él es simplemente no situarlo allí o no colocarle otro como él encima antes de que hubiera tenido tiempo a acostumbrarse a su nuevo lugar. Pero como ya no hay nada que hacer al respecto, no hay respuesta a esa pregunta y el vulgar ladrillo parece incluso que se siente cómodo o que acepta su destino.

Que se acabe junio ya, por favor.

miércoles, junio 20, 2007

Día 29: Maldito inglés.

Poco a poco estoy empezando a aborrecer el idioma de Shakespeare (si es que el inglés de hoy en día se parece en ago al que él usaba, que no creo). Y la perspectiva de tener que hablar mañana durante 10-15 minutos de cualquier eapecto que me pregunten acerca de la economía europea en inglés no es muy atrayente.

¡Con la musicalidad tan preciosa que tiene el francés! ¡Con la clase que desprende cualquier persona hablando alemán! ¿Por qué ha tenido que triunfar el inglés? Un idioma en el que no hay diferencia entre hablar de tú y hablar de usted no puede ser idioma universal, de ninguna manera.

Debieron de ser los Beatles. En fin, algo bueno tenía que tener el inglés, a ellos por lo menos les entiendo.


lunes, junio 18, 2007

Día 28: Teoría y métodos de Decisión; Investigación Operativa.

Decíamos ayer...
Error nº1 del examen final correspondinte a la convocatoria de Junio de la asignatura Teoría y Métodos de Decisión:
Conceder 2 horas de tiempo total de examen, cuando los profesores de dicha asignatura habían afirmado públicamente que se podría disponer de dos horas y media, o tres horas.
Error nº2 del examen final correspondinte a la convocatoria de Junio de la asignatura Teoría y Métodos de Decisión:
Si se pretende acortar el ejercicio correspondiente a programación dinámica mediante la introducción de una variable (pedidos) que limitara el límite de alternativas asumibles por el ente decisor.... ¡No se debe incluir un párrafo en el enunciado en el que se avisa "No importa el número de pedidos ya que la producción se venderá completamente en el futuro y no existe límite de almacenamiento"!
Vamos, creo yo que es obvio.
Error nº3 del examen final correspondinte a la convocatoria de Junio de la asignatura Teoría y Métodos de Decisión:
Si el coste de la inversión depende de los productos adquiridos según esta fórmula: 50+100x1 la rentabilidad obtenida no puede, por definición, venir dada como porcentaje (6% según el enunciado para el primer tipo de producto) del total invertido, pues en el caso de no adquirir ningún producto el coste sería 50 (50+100*0= 50), y es absurdo pensar que, sin adquirir ningún producto, se pueda obtener una rentabilidad de 3€ (6% de 50€).
Error nº4 del examen final correspondinte a la convocatoria de Junio de la asignatura Teoría y Métodos de Decisión:
100* x3 ^1'5 es la función de coste de la inversión en el caso del tercer tipo de producto. El profesor de la asignatura considera (según declaraciones propias, no es una suposición) que esta función de coste facilita el trabajo de los alumnos, ya que el presupuesto del que se disponía era de 1000€, y por lo tanto el número máximo de productos del tipo 3 que se podrían adquirir sería uno. 100 * 1^1'5 = 1000 Esto habría sido un buen detalle por su parte, de ser cierto.
Pero como todo el undo sabe, 100 * 1^1'5 NO es igual a 1000, sino a 100. Y con un presupuesto de 1000€ se podrían adquirir hasta 4 unidades del tercer producto. 100 * 4^1'5 = 800
Se les olvidó el paréntesis. Querían poner esto: (100* x3)^1'5, pero, sorpresa sorpresa, cometieron, un error.
Errare humanun est, que se dice en latín. Veamos si corrigiendo exámenes son tan despistados con los fallos ajenos como con los propios.